“Tan solo para no olvidar lo que ya sabemos”.

Los líderes que tocan el corazón y olvidan el alma del pueblo

(par Chasa)

Al principio todo parece un amanecer.
Un rostro joven, una voz firme, una promesa que suena diferente.
El pueblo cansado escucha y siente —por fin— que alguien lo comprende.
Es el encanto del verbo, la magia del discurso, la sed de esperanza.

Pero hay que mirar detrás del brillo.
Porque cuando el regalo es demasiado grande,
cuando las palabras suenan perfectas,
hay que detenerse, respirar, y observar los ojos, no los aplausos.

Muchos han tocado el corazón del pueblo sin mirar su alma.
Le hablan al hambre, al miedo, al deseo de justicia,
pero olvidan que el amor sin respeto se vuelve dominio,
y que la compasión sin humildad termina en tiranía.

El mundo sigue siendo animal, disfrazado de civilización.
La selva está en los templos, en los parlamentos, en las pantallas.
Y mientras unos rugen por poder, otros rezan por sobrevivir.

Por eso, no basta con creer:
hay que pensar, sentir, y desconfiar con dulzura.
Porque la verdadera libertad no la ofrece ningún líder:
se cultiva dentro, en silencio, cuando uno deja de esperar milagros
y aprende a no vender su alma por un poco de esperanza.

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